Psicología y adaptación del ser humano
Todas las especies de seres vivos tienen una característica fundamental: la capacidad de ir adaptándose al medio en el que viven y a sus cambios, principalmente porque las que no lo hacen suficientemente bien se extinguen y desaparecen.
En el ser humano, esta adaptación en los últimos milenios ha sido principalmente psicológica. Nuestra mente, muy superior en complejidad a la del resto de animales, se ha convertido en nuestra principal herramienta para interpretar el mundo y responder a él adecuadamente. Al principio, como en los animales, el cerebro humano actuaba de forma instintiva, pero con el tiempo desarrolló pensamientos más elaborados y estrategias conscientes. Este proceso elevó a nuestra especie a un nuevo nivel: del uso de herramientas básicas pasamos a la creación de tecnologías cada vez más avanzadas.
Sin embargo, muchas de las reacciones instintivas de nuestro cerebro siguen activas sin que seamos plenamente conscientes; a esto lo llamamos funcionamiento inconsciente. Este modo de respuesta automática no es negativo en sí mismo, pues en determinadas situaciones puede resultar vital, como ocurre con los mecanismos asociados al llamado “cerebro reptiliano”. Pero en la mayoría de los contextos actuales se requieren respuestas inteligentes más que reacciones impulsivas, por lo que desarrollar control mental es esencial para mantener la calma y la claridad. Ser capaces de conservar un funcionamiento consciente, incluso bajo presión, podría marcar un nuevo salto evolutivo en la mente humana.
Si dejamos que la mente reaccione de forma inconsciente tendremos menos control sobre nuestra vida, en cambio si vamos comprendiendo su funcionamiento y aprendemos a no reaccionar automáticamente y tomarnos el tiempo necesario para pensar y responder con calma, iremos ganando autocontrol, libertad y podremos ir potenciando mejor nuestras cualidades. Aunque también hay que aclarar que se puede decidir con las reglas inconscientes aún después de pensar calmadamente, como por ejemplo marca el dicho: "la venganza es un plato que se sirve frío". Esto es poner a la mente consciente e inteligente a trabajar al servicio de la inconsciente (reptiliana).
Base innata
Cada persona nace con ciertas disposiciones físicas (sexo, complexión, capacidades, etc.) y psicológicas (temperamento, carácter, tendencias emocionales, propensión al riesgo o a la prudencia). Estas cualidades forman parte de nuestra herencia biológica y de la programación evolutiva que facilita la supervivencia.
A ellas se suman las circunstancias en las que nacemos —familia, cultura, época, entorno social—, que completan el punto de partida de nuestra vida. Antes de ser conscientes de ello, estas disposiciones ya comienzan a modificarse con las experiencias tempranas, pues desde la gestación sentimos y reaccionamos emocionalmente. El verdadero mérito humano empieza cuando tomamos conciencia de ello y decidimos actuar de manera deliberada.
Adaptación al entorno
Desde la infancia, nuestras experiencias y el entorno en el que crecemos moldean nuestra mente. La educación, la sociedad en la que vivimos, los valores culturales que nos enseñan (padres, profesores, amigos, las redes sociales, etc.) y también las profesiones que desempeñamos influyen en nuestra forma de pensar, actuar y relacionarnos. La mayoría de estas adaptaciones ocurren de forma inconsciente, guiadas por la necesidad de encajar y sobrevivir. Inconscientemente estamos programados para buscar un sitio en la sociedad, adaptarnos a ella y prosperar en el.
Experiencias negativas y traumas
A lo largo de la vida, todos enfrentamos también experiencias negativas, difíciles y traumáticas que dejan huella en nuestro inconsciente.
La forma en que estas vivencias modifican nuestro comportamiento depende de nuestra capacidad de adaptación, comprensión, resiliencia y aprendizaje consciente. Comprender y procesar estas experiencias es fundamental para no quedar atrapados en patrones de comportamiento negativo e inconscientes que nos limitarán.
Creencias falsas o limitantes
La mente humana, además de las ideas que nos introducen, también genera otras que pueden ser erróneas, negativas o limitantes: creencias sobre uno mismo, sobre los demás o sobre el mundo que nos condicionan sin que seamos conscientes. Gracias a la introspección y la reflexión, es posible identificarlas y cuestionarlas, permitiendo superarlas y abrir nuevas posibilidades. Con el suficiente autocontrol o con ayuda podemos superarlas ganando libertad y haciendo que nuestras expectativas se multipliquen.
Apertura al aprendizaje y evolución consciente
El ser humano no solo se adapta automáticamente, sino que puede evolucionar conscientemente. La apertura al aprendizaje, la empatía y la valentía para buscar la verdad —aunque a veces pueda ser muy incómoda— nos permiten mejorar continuamente. Esta capacidad de evolución consciente es la base para construir una mente más eficaz, flexible y resiliente, dispuesta a aprender y crecer constantemente y que nos servirá en cualquier etapa de la vida. Además, esta personalidad consciente se acerca mucho más a quienes somos de verdad que la simple del inconsciente, ya que vamos eligiendo nuestro camino y quién queremos ser desde un mayor entendimiento.
Hacia la psicología de un militar
Comprender el funcionamiento de la mente y avanzar hacia una mayor conciencia interior nos permite reconocer mejor nuestras capacidades y limitaciones, transformar nuestras reacciones automáticas y desarrollar una mente más equilibrada. Ese mismo proceso de autoconocimiento facilita identificar y fortalecer las cualidades psicológicas esenciales en la vida de un suboficial o mando del Ejército —como la disciplina, el autocontrol, la resiliencia, la serenidad bajo presión, el sentido del deber y el espíritu de equipo—. Cuanto más conscientes somos de cómo pensamos y sentimos, más fácil resulta orientar la mente hacia la eficacia, la cohesión y el liderazgo responsable que exige la profesión militar.
En el siguiente artículo profundizaremos en cómo se desarrollan y entrenan estas cualidades en el ámbito del mando, y en un tercer artículo abordaremos cómo ese mismo conocimiento puede servir al militar retirado para abrir la mente, reinventarse y descubrir nuevos y valiosos objetivos en una vida que, liberada del servicio activo, ofrece también nuevas formas de propósito y plenitud.